Cinco de Mayo: La Historia Real

Parte 3

By David E. Hayes-Bautista, En Exlusiva para EGP

Un año después de ser vencidos por el ejercito mexicano que defendió la libertad y democracia en la Batalla de Puebla el 5 de mayo 1862, el ejercito francés había regresado, dispuesto a retomar su  honor que había sido manchado al ser vencidos por una “tribu de salvajes.” Concientes de que el ejercito mexicano no podía huir, el General Forey decidió sitiar al pueblo: cañones acabaron con una porción de la pared, luego las tropas francesas entrarían para tomar el pueblo.

Solo que casi dos meses después de esta estrategia, los defensores mexicanos habían hecho retroceder a los franceses cada vez que atacaban. ¿Cuanto más podrían aguantar los defensores?

Dispuestos a tomar a Puebla antes de la fecha simbólica del cinco de mayo, Forey había apostado todo en su último intento. Después de acabar con una pared, el 25 de abril 1863, miles de tropas francesas atacaron por la brecha…

Mientras tanto, en California, hispanos en Los Ángeles esperaban ansiosamente la noticia. Como la mayoría de los periódicos en español publicados en San Francisco, hispanos en la parte sureña del estado tenían que esperar la diligencia—un coche arrastrado por caballerías que les traían noticias publicadas en la Bahía. Así que no fue hasta el 25 de mayo que llegó la diligencia por El Camino Real.

Montones de periódicos fueron aventados a las multitudes ansiosas que los repartieron y empezaron a aplaudir al leer los reportes de cómbate publicados en La Voz de Méjico. Después de sobrevivir una pesadilla infernal de explosivos y artillería cuando los soldados franceses atacaban las paredes, los soldados mexicanos salieron de los escombros para enfrentarlos.

Por más de siete horas, los franceses y los mexicanos estuvieron atrapados en cómbate de mano-a-mano sobre las paredes de Puebla. Luego, en un esfuerzo gigante, los defensores mexicanos hicieron retroceder a los franceses una vez más, tomando como prisioneros a siete comandantes, numerosos otros soldados, y 130 miembros del Primer Regimiento de Zouaves.

Los franceses retrocedieron, asombrados: habían perdido su apuesta. El ejercito mexicano había ganado. Cuando salió el sol sobre Puebla el 5 de mayo 1863, la bandera mexicana, símbolo de la libertad y democracia, todavía sobrevolaba en el aire.

Encantados, los mexicanos en Los Ángeles decidieron conmemorar el esfuerzo heroico de las fuerzas de la libertad y democracia más de 1.500 millas sur. Los oficiales de la Junta Patriótica Mejicana local inmediatamente hicieron una suscripción para reunir fondos, y la primera celebración oficial del cinco de mayo comenzó. Esa noche, más de 400 personas se reunieron en la loma detrás del pueblo (donde se encuentra ahora el Centro de Música) donde una fogata gigante iluminaba los retratos del Presidente Benito Juárez y el General Zaragoza y la milicia hispana disparó al aire para anunciar el evento.

La siguiente mañana, ambas banderas de Estados Unidos y México fueron alzadas juntas en la madrugada con una salva de 21 pistolas por la milicia hispana. A las cuatro de la tarde,  un grupo de personas se reunió en la Plaza para el programa oficial creado por oficiales de la Junta Patriótica. El invitado especial era Francisco P. Ramírez, nacido en Los Ángeles cuando todavía era parte de México, que entonces era un ardiente partidario de la causa de la Unión y defensor de la libertad y democracia por todo el país norteamericano.  Él les recordó a todos presentes que aunque sus raíces estén en México y Latinoamérica, ahora estaban viviendo en EE.UU. y que el país estaba siendo dividido por una guerra fraticida para la libertad y esclavitud.

Después de su discurso, una multitud formó un desfile que dio vuelta por el pueblo, liderado por una banda y la Guardia de la Bandera quienes traían las banderas de ambos países. Por más de dos horas la procesión aplaudió y cantó: algunas mexicanas se enorgullecieron tanto que les quitaron las banderas a la Guardia y marcharon al frente del desfile con las banderas alzados en alto. Cuando el desfile iba terminando, los ciudadanos animados de Los Ángeles juraron conmemorar la Batalla de Puebla cada año, sin importar el resultado final de cualquier guerra—la Guerra Civil Americana o la Intervención Francesa.

Luego, solo pocos días después, la noticia solemne llegó de México. Los defensores de Puebla, habiendo acabado la comida y amuniciones, fueron reducidos a tirar piedras a los atacantes, y finalmente fueron dominados por el ejercito francés.

Puebla había caído. Los franceses iban rumbo a la Ciudad de México. El Presidente Juárez y su gobierno tenía que huir. ¿Sería destinada la celebración del cinco de mayo a ser solo un evento de solo una vez?

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Lea Parte 4 – Será públicada el 21 de Mayo, 2009.

David E. Hayes-Bautista es Profesor de Medicina y Director del Centro para el Estudio de Salud y Cultura Latina en la Escuela de Medicina David Geffen en UCLA. Su más reciente libro es La Nueva California: Latinos en el Estado Dorado (Editorial Universidad de California, 2004).

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May 14, 2009  Copyright © 2012 Eastern Group Publications, Inc.

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