La Voz en Español Para los Inmigrantes en Una Década de Retos

February 1, 2018 by · Leave a Comment 

Empecé a trabajar en Eastern Group Publications Inc., (EGP) a mediados de los 90’s, la década en la que los votantes californianos se voltearon contra los inmigrantes sin documentos.

En ese tiempo en las urnas se aprobó la eliminación de la educación pública, el cuidado de salud y permitir a las autoridades investigar a la gente en la calle bajo sospecha de vivir sin documentos en el país.

Efectivamente, fue el tiempo del gobernador Pete Wilson, la Proposición 187 (eliminación de servicios sociales a los inmigrantes), y la Proposición 227 que exigía a las escuelas enseñar solo en inglés.

Fue un momento de convulsión y cambio, algunos de ellos buenos, otros, no.

También fue la década en que algunas ciudades en el suroeste del Condado de Los Ángeles, de mayoría latina, finalmente tomaron las riendas del gobierno como Bell Gardens, Cudahy, Bell, South Gate y Maywood; mientras en el sur del condado, Inglewood y Compton iniciaban la transformación demográfica que dos décadas después convertiría al español en un idioma importante para salir adelante.

Debido al continuo crecimiento de la comunidad, principalmente proveniente de México y Centro América, la necesidad de tener información en español era fundamental, así que EGP se convirtió en la única publicación bilingüe en dichas comunidades.

La publicación circulaba principalmente en el Este de Los Ángeles, pero siempre se publicó información que afectaba a la comunidad inmigrante en general. No era raro cubrir eventos en el sureste, sur centro y claro, en el este del condado.

Recordemos que, a principio de 1990, el 85% de la población del sureste era latina, no obstante, la mayoría de su representación política era anglosajona. Esto se debía a la apatía de la gente de involucrarse en los procesos políticos y a que sólo el 45% de este grupo estaba registrado para votar.

Al inicio de los 90’s, el 90% de la población de Bell Gardens ya era latina. Esta ciudad se ubica a unas 9 millas del centro de L.A. En ese tiempo bastó el esfuerzo de destitución de una mujer migrante y latina, María Chacón, para cambiar a cuatro de los cinco representantes blancos por líderes latinos.

Para la gente de Bell Gardens, había una gran esperanza de que las cosas fueran diferentes.

Chacón y otros líderes con ambiciones políticas en la ciudad aprendieron bien como trabajaba el sistema, así que por la siguiente década se involucraron en batallas políticas y casos de corrupción para mantener y disputarse el poder en la ciudad. Tristemente, aunque algunas cosas mejoraron, las mejoras vinieron con acusaciones y condenas por corrupción.

Esta situación no solo ocurrió en Bell Gardens, en 1994 algunas ciudades alrededor como Cudahy, Bell and Maywood siguieron pasos similares y casi siempre EGP estuvo ahí para reportarlo.

El trabajar en esta publicación nos brindó una conexión inmediata con la comunidad en el área y en muchos casos, siempre fuimos los primeros medios de comunicación en publicar las historias que más tarde aparecían en los principales medios del condado.

Salvemos Nuestro Estado

En ese tiempo, a pesar del incremento de la migración de habla hispana en California, el aumento de nuevas leyes contra las personas sin documentos empezó a surgir.

La Proposición 187 conocida como Salvemos Nuestro Estado (SOS), fue aprobada por los californianos en 1994. Esta medida prohibía el acceso a la educación pública, salud médica y beneficios sociales para la gente sin documentos. Y aunque nunca se puso en práctica por su inconstitucionalidad, la propuesta causó un fuerte impacto entre las familias latinas, particularmente inmigrantes.

Recuerdo haber escrito historias donde la gente mostraba su miedo simplemente para ir a los supermercados porque temían ser detenidos por las autoridades. En otros casos, algunas familias preferían no ir al doctor porque no confiaban en el sistema. Ellos pensaban que, si compartían su información con el gobierno, en algún momento terminarían en la lista de deportación.

Han pasado más de veinte años, y esos temores son tan reales hoy.

Por el otro lado, se cubrió un gran número de historias sobre activismo entre la comunidad latina, entre los ciudadanos y los indocumentados, para apoyar y proteger a los grupos más afectados y vulnerables que viven en el estado.

Ellos siempre estaban luchando contra la desigualdad, mejores salarios, bajas rentas y el derecho a educar sus hijos solo en inglés o en un programa bilingüe.

Hubo tantos problemas que afectaron la calidad de vida de las personas. Después de los disturbios de 1992, muchas personas decidieron abandonar el área, creando una oportunidad para que un nuevo grupo proveniente del sur de la frontera se mudara a lo que una vez fueron vecindarios predominantemente afroamericanos. La violencia de pandillas surgió y se convirtió en zonas de guerra raciales entre los afroamericanos y los latinos que se mudaban a sus barrios en busca de viviendas más baratas, así como en otras partes de la ciudad donde los latinos eran la mayoría.

Sin importar que EGP no tenía mucho personal, la gran mayoría de estas situaciones fueron publicadas por el semanario. Esto se debió a que siempre estábamos en contacto con la comunidad y si no sabíamos de un acontecimiento, ellos nos llamaban. Lo importante fue que confiaban en nosotros para que su voz fuera escuchada.

Una de las cosas que más valoró de EGP es que en siete años que trabajé con ellos los editores o dueños del periódico nunca me censuraron mis historias, incluso aquellas que no eran muy populares con el sistema o la iniciativa privada.

La libertad de escribir o elegir un tema para reportarlo creo que era los más importante que prevalecía en el periódico. Es por eso que cuando me enteré de que la familia Sánchez (dueños) estaba vendiendo la publicación por un momento me puse a pensar que, sin ellos, no será fácil continuar sirviendo a la comunidad con ese nivel de compromiso con el que siempre lo hicieron, especialmente ahora, en la era de Trump.

Agradecimientos especiales

Como reportero y miembro de la comunidad, solo quiero agradecer a la familia Sánchez por siempre estar de lado de la gente en las últimas cuatro décadas. Pero también porque durante mi tiempo trabajando con ellos siempre me hicieron sentir como parte de la familia. Incluso ahora, siempre que tengo la oportunidad de hablar con ellos, parece que el tiempo no ha pasado.

Agradezco a Dolores Sánchez, directora editorial, y a su difunto esposo Jonathan Sánchez, director de operaciones (COO), por haberme dado la oportunidad de empezar y desarrollar mi carrera como periodista en Los Ángeles. Nunca olvidaré que a través de EGP, tuve la oportunidad de informar a la comunidad por un futuro mejor.

Guardián de Registros del Lado Este

February 1, 2018 by · Leave a Comment 

Como alguien que creció en el este de Los Ángeles en los años 60 y 70, y trabajo como periodista en el East LA Tribune y luego en el LA Herald Examiner, crecí con una afinidad hacia la palabra escrita.

Acababa de ingresar a la escuela preparatoria cuando el periodista de Los Angeles Times y presentador de televisión en español, Rubén Salazar, fue asesinado en 1970, durante la Moratoria Chicana. Su muerte me motivó a ir a la universidad y escribir. Así que en realidad comencé mi carrera de escritor en 1972 con el periódico LA Gente en UCLA. Pero, para resumir, después de graduarme de la universidad, mi carrera profesional de redacción de columnas comenzó en Eastern Group Publications.

Recuerdo más a EGP por dos de sus publicaciones: Eastside Sun y Mexican-American Sun. Como había comenzado como periodista en el lado este, pude identificarme con esta cadena de periódicos comunitarios.

Empecé como periodista en EGP, pero con el apoyo de los propietarios de los periódicos, Dolores y Jonathan Sánchez, comencé a escribir columnas semanales sobre temas que iban desde planes para alimentar a las personas sin hogar, grafiti, una abuela que jugaba softbol y los esfuerzos para desmantelar la educación bilingüe. Hubo numerosos perfiles de gente común haciendo una diferencia, nuevas organizaciones profesionales hispanas y sus miembros, latinos en oficinas públicas o agencias gubernamentales como la CHP, o escalando en la escala corporativa.

Escribí sobre la batalla liderada por los residentes del este de Los Ángeles y Boyle Heights decididos a detener la construcción de una prisión en su vecindario, un esfuerzo popular que tuvo éxito.

Roberto Dr Cintli Rodríguez es profesor en la Universidad de Arizona y autor de Justice: A Question of Race, un libro que narra sus dos juicios de brutalidad policial; Our Sagrada Maíz is Our Mother(Nin Toanantzin Non Centeotl); y coprodujo Amoxtli San Ce Tojuan: un documental sobre orígenes y migraciones.

Después de dejar a EGP, continuaría escribiendo columnas para La Opinión durante muchos años, incluso después de mudarme a Washington, D.C. y luego coescribí una columna sindicada a nivel nacional durante una docena de años para el Chronicle Features y más tarde Universal Press Syndicate.

Menciono todo esto porque debo mi exitosa carrera de redacción de columnas a EGP. Por cierto, hoy en día todavía escribo, aunque principalmente para el Truthout’s Public Intellectual Page.

Sinceramente, más que a EGP, le debo gracias a la familia. Dolores y Jon me trajeron a bordo en un punto bajo de mi vida. Casi me mataron en 1979, una experiencia que condujo a dos juicios, el primero en 1979 y el segundo en 1986 – que causaron siete años y medio de agitación.

En el primer juicio, tuve que defenderme de las acusaciones de intentar matar a cuatro ayudantes del sheriff con una cámara. De hecho, había sido testigo de la golpiza brutal de un joven y lo fotografié, y como resultado, terminé en el hospital.

Después de ganar ese caso, presenté una demanda y en 1986 gané un juicio contra los mismos cuatro diputados. Incidentalmente, fue el abogado de derechos civiles, Antonio Rodríguez, que me representó en ambos casos. Estuve trabajando en EGP durante el segundo juicio y recuerdo bien el apoyo total que recibí de Dolores y Jon.

Una pequeña ironía es que mi demanda fue en realidad contra el Departamento del Sheriff y uno de los primeros trabajos que recibí después de que concluyó el juicio fue entrevistar al sheriff de ese momento. Tenía muchos guardaespaldas en su oficina durante la entrevista; ni él ni yo mencionamos mis juicios. Sí, hubo un gran elefante en la habitación durante esa entrevista.

Como todos sabemos, EGP no solo tenía 9 luego 11 y ahora 6 periódicos comunitarios. Fueron una cadena bilingüe de periódicos de propiedad de Raza que cubrió el lado este de L.A.; esencialmente los periódicos de registro cuando se trató de cosas pasando en el lado este.

Es desafortunado, pero ese era su papel porque en aquellos días los principales medios de comunicación del sur de California no consideraban que el lado este fuera digno de un buró. En otras palabras, no merecíamos cobertura y, en efecto, no existía.

Honestamente puedo decir que solo tengo buenos recuerdos de mi tiempo en EGP. Lo mismo es cierto para mis recuerdos de la familia Sánchez.

Ahora como profesor universitario e investigador, creo que la existencia de EGP es digna de estudiar. Desearía poder hacer algo más que estudiar o comentar sobre EGP. Quisiera poder comprar EGP y conservar los papeles porque siempre le ha servido bien a nuestras comunidades, y personalmente, siempre tendré tinta en mis venas.

Por el momento, no puedo hacer eso y espero que alguien con los recursos adecuados intervenga para mantenerlo en funcionamiento.

Quiero terminar compartiendo una historia relacionada con EGP. Fue algo gracioso, pero a la misma vez no lo fue.

Entre mis dos juicios, me asocie mucho a un grupo de Guatemala, aquí en Los Ángeles. La mayoría de ellos eran refugiados políticos y algunos de ellos habían sido realmente torturados y, finalmente, recibieron asilo político. Esos fueron tiempos peligrosos, incluidos los rumores sobre la actividad de los escuadrones de la muerte en el sur de California.

No recuerdo cuál era el problema en ese momento, pero el grupo me preguntó si iría a Guatemala para reunirme con líderes comunitarios, etc., ya que no podían regresar a su país de origen. Pensaron que sería fácil ya que yo era periodista y no entendieron cuando les dije que no podía.

Como se pudieran imaginar, mi tarjeta de negocios decía EGP, las mismas iniciales de uno de los principales grupos rebeldes llamados…en realidad se me olvida de cómo se llamaban. Les expliqué que si me detuvieran y pidieran que presentara una identificación para demonstrar que era periodista, mi tarjeta de visita con las iniciales de EGP probablemente habría sellado mi perdición. Entonces, en cierto modo, fue graciosos y es por eso que nunca fui a Guatemala. Es interesante lo que aparecerá en tu mente, como esta, una de mis historias [tangenciales] de EGP.

Quiero agradecer a la familia Sánchez, aunque también reconozco a EGP en sí misma como una familia, parte de una familia mucho más grande y estoy orgulloso de haber sido parte de ella y de continuar siendo parte de ella.

Roberto Dr Cintli Rodríguez es profesor en la Universidad de Arizona y autor de Justice: A Question of Race, un libro que narra sus dos juicios de brutalidad policial; Our Sagrada Maíz is Our Mother(Nin Toanantzin Non Centeotl); y coprodujo Amoxtli San Ce Tojuan: un documental sobre orígenes y migraciones.

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